miércoles, 14 de agosto de 2019
Plazas de Quito en los 90s
Estaba viva! El dióxido de carbono de su exhalación empañaba la bola de cristal en la cual se hallaba contenida. Es más emitió un sonido, una suerte de gruñido, luego del cual se hundió. El hombre que había instalado la mesa, el mantel y la bola de cristal que contenía esa terrorífica cabeza aseguraba que estaba a punto de abrir sus ojos. La tensión se apoderó de las decenas de personas que se habían acercado con la esperanza de que aquella cabeza cercenada pueda dar respuestas, salidas a los malos tiempos, las malas rachas, la falta de suerte, de dinero, de amor. Era el año de 1999 la crisis bancaria nos había quitado todo de los bolsillos, sin embargo nuestras esperanzas estaban en la plazas.
Por una módica suma de dinero, por unos cuántos sucres, el ciudadano común podía acercarse al infierno, o, para ser más exactos a un par representantes de el en la Tierra. Aquella cabeza que respiraba, movía y tenía la capacidad de contactarse con ese hombre delgado, de voz profunda, de mirada desafiante, intimidante y capaz de convencer a cualquiera de que el infierno está cerca.
Cualquier ciudadano que quiera cambiar su destino, debía tener la valentía de poner una de sus manos sobre la bola de cristal, la cabeza de aquella mujer se movía, la esfera se llenaba de vapor, el intermediario hablaba: "tu mujer te traiciona, tu cuñada te envenena, tu compañero de trabajo te tiene envidia, tu amiga habla mal de ti, vas a ganar mucho dinero, tu madre enfermará gravemente, tus vacas van a morir, todas.
Para muchos, bajo la mesa y el mantel, había alguien encargado de manipular la cabeza de la mujer, pero un día, para sorpresa de la gente de la plaza, la urna de cristal se encontraba en el piso y la cabeza de aquella mujer movía los músculos de su terrorífico rosto.
A pocas cuadras un hombre aseguraba estar en mejor condición física que el hombre promedio. No había persona que esté dispuesta a aceptar su apuesta: soy capaz de cargar tres quintales de arroz y subirlas por la cuesta que va desde La Marín hasta La Tola. Dos cajas de madera acompañaban a este hombre que aseguraba venir del Amazonas, de la más grande, salía una enorme serpiente, la mata caballos, la misma que tenía por costumbre enrrollarse en uno de sus brazos.
La crema de chuchughuasa, la crema de chuchughuasa era el secreto de tanta vitalidad y buena salud, la chuchughuasa lo podía todo, dicha crema milagrosa estaba hecha con la manteca de serpientes como la que este hombre guardaba en la caja y alimentaba con pan y una que otra rata. Cierto día la serpiente amaneció de mal humor y puso a prueba la fuerza del hombre. La culebra se enroscó en el brazo, ejerciendo tal fuerza que este se puso morado por la falta de circulación sanguínea. El mercader sudaba copiosamente y se movía de un lado al otro con ganas de golpear a la serpiente contra el pavimento o pedir a uno o dos hombres que le ayuden a desenrrollarla.
Golpes, torceduras, resfriados, problemas con el pecho, problemas con las articulaciones, problemas respiratorios, la crema era la solución a muchas situaciones comunes que cualquier hombre y mujer podía estar expuesta y que podía resolver mediante la combinación de la ancestralidad y el misterio.
Pero, había un hombre que podía competir con el hombre de la chuchughuasa, se trataba de un negro enjuto, alto, que empezaba su rutina introduciéndose un enorme clavo por una de sus fosas nasales. Su show seguía con algunas asanas propias del yoga, con filudas armas que no podían cortar su carne, con la degustación de vidrio y con un merecido descanso en una cama de clavos. La fama del faquir fue conocida en toda latinoamperica, gracias a un programa llamado Se me ocurrió así, que le dedicó un reportaje. Del faquir se sabe que su muerte empezó con una infección estomacal, no era inmortal.
Tampoco todos eran santos, las cámaras de un programa de televisión con alto raiting de sintonía acompañaron a la Policía en un allanamiento a moteles de mala muerte del sector de Santo Domingo y de La Recoleta. De una de las habitaciones salió el karate de santo Domingo, había estado consumiendo droga y no lograba articular palabra. El karateca se ganaba la vida demostrando su habilidad con los chacos e retando a cualquier ciudadano a que lo atacara para demostrarle como podía defenderse a pesar de su baja estatura.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Cascanueces
Cuando vuelva a nacer me dedico a esto.
