Yo fui quien lo traicionó.
Él estaba sentado al final de la mesa. Tenía la cabeza gacha como los corderos antes de ser sacrificados. Serví el vino, partí el pan y me levanté de la mesa. Puse mi mano sobre sus cabellos y me fue inevitable imaginar todas aquellas veces en que Magdalena enredaba sus dedos en ellos, como si estos fueran los peces que caían atrapados en las redes.
Yo era quien tenía que dar la señal con un beso y sentirme pinchado por la barba que se usaba en esa época. ¡En qué pensaban estos romanos, cono para pedirme que bese a otro hombre!
Sin retirar mi mano me incliné despacio, hasta sentir esa barba que parecía querer reventarme los labios hinchados de odio. ¡Era repugnante hacerlo!, pero valía la pena, solo así me iba librar de aquel maldito, maldito, mil veces maldito, ¡Judas!, por amor ¡yo te maldigo!
APAGÓN
ESCENA 2
Judas era el menor de dos hermanos. Vivía con su madre. Teníamos 4 años y Judas montaba en un triciclo rojo, mientras yo decidía que nunca sería el primero en acercármele. Solo lo contemplaba pedalear y él se acercó. Me invitó a montar y luego a empujar su triciclo y fue así como nos hicimos amigos.
No por coincidencia fuimos a la misma escuela donde juntos ideamos la forma de copiar en los exámenes que nos imponían los Maestros de la Ley. Fuera de clases nunca le tuve envidia, a pesar de que Judas, tenía todo lo que un chico de su edad quería tener: su triciclo, las túnicas que olían bien y hasta un atari, en el cual pasábamos largas horas derivando aviones israelitas, en un juego de guerras contra los palestinos.
El atari nunca me envició, además tenía pendiente sorprender a los Maestros de la Ley, debía mostrarme como un iluminado, tal como más tarde escribiría Juan, uno de los 12 de la gallada.
Pero nunca logré sorprender a los maestros en nada, pasé desapercibido, perfil bajo en clase. ¡Qué las escrituras digan lo que quieran!, yo no tengo Ortografía y siempre fui pésimo para las Matemáticas y la Educación Física.
Judas lo tenía todo, pero nunca le envidié, porque llegaba a casa y no tenía papá y su mamá casi nunca pasaba con él. En cambio yo si tenía a la mía. La adoré mucho. Ella me enseñó a no temerle a las sensaciones de la carne. Y mi padre era un viejo a todo dar, no era cierto que fuera carpintero el fue…
SE OYE UN SONIDO ESTRUENDOSO QUE OBLIGA AL PERSONAJE A TAPARSE LOS OIDOS.
Teníamos 13 años y yo no tenía idea de cómo resucitar pájaros muertos.
Creo que ese libro pedía demasiado para mi edad, ¿a qué loco se le ocurre que podía andar por los parques resucitando pájaros?, ¿acaso debía trabajar en un circo?
No por casualidad fuimos al mismo colegio, era mixto, ahí conocimos a Magdalena.
sábado, 23 de mayo de 2009
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Cascanueces
Cuando vuelva a nacer me dedico a esto.
